E. Mena Salas, “Publio Petronio, una aproximación a su imagen literaria e histórica”, Estudios Bíblicos 68 (2010) 185-218.

______, “Agripa en la crisis de la estatua de Calígula. Una aproximación literaria e histórica”, Anthologica Annua 63 (2014)  383-438.

 

La presentación de un trabajo propio siempre me ha resultado muy difícil, cuanto más si se trata de dos. En este caso, sin embargo, del par resulta la unidad, pues ambos son el resultado del análisis exhaustivo de los sucesos, de los años 38 al 40 d.C., que giran en torno a la decisión del emperador Cayo Calígula de colocar su estatua en el Templo de Jerusalén.

Este episodio, que contribuyó a exaltar los ánimos de la población judía contra los romanos, ha llamado la atención entre los investigadores bíblicos y del cristianismo naciente a partir de la hipótesis de que la alusión a la “abominación de la desolación” en Mc 13,14, pudo tener que ver, en sus estratos tradicionales, con el antedicho suceso. También se ha creído ver  en él el momento primero de separación y distinción entre los judíos, promotores de la oposición a la orden de Cayo, y los nazarenos, que intentaban evitar así la mirada hostil de Roma, sobre todo en Antioquía de Siria, residencia del legado romano. Y con ello contribuyó al nacimiento del calificativo de cristianos (Hch 11,26). En todo caso, el incidente de la estatua resulta muy interesante por tener lugar en el momento de arranque de los primeros seguidores de Jesús, apenas entre ocho y diez años después de la resurrección del rabí de Galilea.

Sin embargo, el relato de los acontecimientos prácticamente sólo es narrada por dos autores judíos, Filón y Josefo. En ambos prevalece la motivación apologética a favor de las comunidades de la diáspora frente a las acusaciones ambientales antisemitas ante el tribunal y las leyes romanas. No hay una narración desde el punto de vista romano. Con lo cual, el estudio requería un esfuerzo doble. Analizar primero el hecho y los protagonistas del hecho según la presentación de las fuentes, para comprender cómo Filón o Josefo habían reinterpretado a sus personajes ejecutores. Y, segundo, buscar los puntos en que las actitudes, los comportamientos y las posibles intenciones de tales personajes podían encajar con lo que sabemos de ellos fuera de las fuentes judías antedichas. Así, al menos podríamos darle visos de plausible, si no de fundamento histórico básico, a aquello que intencionalmente habían narrado el filósofo o el historiador judío.

Este ejercicio procede, por tanto, de la crítica literaria e histórica, aplicado, esta vez, no a los textos bíblicos cuanto a los parabíblicos, caso de Legatio ad Gaium e In Flaccum, para Filón, o de Bellum o Antiquitates para Josefo. Y puesto que dichos documentos, en el desarrollo del suceso de la estatua, apunta a tres personajes históricos principales, estos deben ser el objeto de estudio. El primero es Cayo (y también Avilio Flaco en el In Flaccum), que funciona de punto de arranque y trasfondo de los acontecimientos, además de exemplum negativo, modelo infame del trato opresivo hacia los judíos, más en Filón que en Josefo. El segundo y el tercero, Publio Petronio y Herodes Agripa I, son considerados, por el contrario, cada uno a su modo, como modelos o exempla positivos para los judíos, para ellos protectores. Para la apologética de Filón o de Josefo, ellos representaban, en un trance tan difícil, el único cortafuego para evitar el desastre.

Petronio era visto como ese romano imbuido de valores éticos y religiosos, que, teniendo constancia de la sensibilidad judía por la inviolabilidad del Templo y el monoteísmo, quiso por todos los medios retrasar tamaño disparate. Josefo y Filón incluso le dan cierta categoría de prosélito. El historiador lo considera, además, un líder modélico capaz de dar su vida en expiación por la culpa romana y la salvación judía.

La figura de Agripa I tiene una historia literaria más compleja, aunque, para los fines de estos autores, igualmente propagandística. Según Filón, el herodiano ejerció realmente de rey de los judíos, mostrando al lector el tremendo patetismo del momento en el episodio del desmayo, cuando se entera de la intención de su amigo, o escribiendo una verdadera apología pro Ierusalem y pro Iudaios en la carta dirigida a Cayo, como último recurso para evitar el cumplimiento del decreto. Aunque la teatralidad de los actos de Agripa o la perfecta construcción de la carta indican una notable manipulación filoniana, muestran también la representatividad de su figura, que el autor dibuja con rasgos intercesores, heroicos, de verdadero rey de Israel.

Josefo muestra un Agripa novelado, aventurero, que había caído en desgracia pero la Providencia o la Fortuna lo levantan, inspirado parcialmente en la historia de José. El historiador señala que fue un banquete ofrecido a Cayo, otro tópico literario, el contexto propicio para convencer al emperador de que anulara el decreto de la estatua en el Templo. A pesar de la pintura novelesca de la escena, distinta de la teatralidad mostrada en la pluma de Filón, la crítica histórica ha podido dar más verosimilitud al banquete del uno que a la carta y al desmayo transmitido por el otro.

Sea como fuere, estos trabajos han intentado ir más allá, preguntándose qué elementos procedentes de otras fuentes pudieron ser más coherentes con los retratos, mostrados por Filón y Josefo, de estos dos personajes históricos. En ambos era necesario partir de su educación, netamente romana, el uno por nacimiento, el otro por adopción, ya que fue rehén de Roma. De ahí se deducían temas interesantes que en este espacio sólo se pueden enunciar.

Para Petronio eso pudo conducir a un alma noble republicana y estoica, convencido por la virtud de la humanitas; a un espíritu religioso, relacionado con la pietas, que le había dirigido a ser augur; a un político conocedor de los judíos y sus creencias, desde su tiempo de gobierno como procónsul en Asia. A Agripa, por el contrario, el ambiente de la corte de la familia julia-claudia le había conducido a conocer bien los entresijos del poder, la importancia de la amicitia con los posibles sucesores del emperador y el valor seductor del lujo en muchos y pródigos banquetes, donde muchas veces se dirimía la política.   

Ambos, con sus recursos, intentaron evitar la profanación del Templo y la consiguiente revuelta. Los dos narradores de los hechos prolongaron su gesta con notas claramente apologéticas.

Nosotros los presentamos según este análisis, dejando así juzgar al lector.

 

Rvdo. Prof. Dr. D. Enrique Mena Salas,

Facultad de Teología San Vicente Ferrer, Valencia
Centro Español de Estudios Eclesiásticos, Roma

CategoryColaboraciones
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