La pasión de Cristo. Una lectura original.

Autor: José Miguel García Pérez

Editorial: Encuentro

Madrid 2019

 

 

Los relatos evangélicos han sido leídos con una gran sospecha acerca de su verosimilitud histórica por una buena parte de los estudiosos durante los últimos siglos. Al considerarlos instrumentos al servicio de la fe cristiana, escritos bastantes décadas después de los sucesos narrados por cristianos de la segunda o tercera generación, se les niega cualquier interés verdadero por la historia. Algo que no deja de ser contrario a la misma identidad histórica de la fe cristiana.

Ciertamente los evangelios tienen que ser sometidos al método histórico-crítico para identificar el realismo de lo narrado en ellos. En el Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios celebrado en octubre del 2008, Benedicto XVI se expresaba de este modo: “Esta necesidad es la consecuencia del principio cristiano formulado en el evangelio de san Juan: «Verbum caro factum est» (Jn 1,14). El hecho histórico es una dimensión constitutiva de la fe cristiana. La historia de la salvación no es una mitología, sino una verdadera historia y, por tanto, hay que estudiarla con los métodos de la investigación histórica seria”.

Con este libro nos acercamos a la historia de la Pasión escrita por los evangelistas intentando conocer los acontecimientos que tuvieron lugar y cómo los vivió Jesús. Es bien sabido que entre ellos no hay una sintonía total, al contrario. Por una parte, hay sucesos que solo aparecen narrados en un evangelio; por otra, es fácil identificar diferencias llamativas, incluso alguna contradicción en los relatos de los mismos hechos. Es verdad que las más conocidas se encuentran en el cuarto evangelio respecto a los tres sinópticos. Recordemos las principales. Según los tres primeros evangelistas, la última cena tuvo lugar con ocasión de la celebración pascual; según Juan, sin embargo, parece ser una comida de despedida. El cuarto evangelio transmite un largo discurso pronunciado durante esta cena, del que no existe ninguna huella en los evangelios sinópticos; sólo Lucas hace referencia a un discurso de Jesús, mucho más breve, durante el banquete. También Juan parece desconocer el juicio ante el sanhedrín, pues Jesús comparece ante el sumo sacerdote Anás; su interrogatorio tiene el aire de ser una instrucción preparatoria para llevarlo ante el tribunal de Pilato. Llamativa es la divergencia que existe entre los evangelistas respecto a la fecha en que murió Jesús: mientras que el cuarto evangelista parece colocar la muerte de Jesús en el 14 de nisán, los tres primeros la sitúan en el 15 de nisán, día de la Pascua judía. No obstante, los cuatro evangelistas coinciden en afirmar que fue viernes el día de la semana en que murió Jesús.

Los estudiosos han intentado explicar estas diferencias, o al menos justificarlas, apelando sobre todo a la intención literaria o teológica del evangelista; aunque no se ponen de acuerdo a la hora de explicar dicha finalidad teológica. En cualquier caso, en la actualidad continúa el debate sobre algunas cuestiones históricas importantes. Entre otras, la fecha de la muerte de Jesús, el carácter pascual de la última cena, el papel jugado por las autoridades judías en la condena de Jesús, la competencia judicial del sanhedrín durante la dominación romana, o la realidad histórica del privilegio pascual que permitió la liberación de Barrabás, ya que fuera de los evangelios no se han encontrado informaciones claras que la confirmen.

Con este libro intentamos responder desde el punto de vista histórico a algunas de las cuestiones mencionadas e indicaremos pistas de solución para otras. No obstante, somos conscientes de que este esfuerzo por hallar una solución a los problemas históricos y literarios que plantean estos relatos no es suficiente para desvelar el significado de lo que ocurrió ese viernes de nisán en Jerusalén. Ciertamente la racionabilidad de la fe se fundamenta sobre la realidad histórica, y por ello es decisivo mostrar la validez histórica del testimonio evangélico. Pero para conocer el significado de lo acontecido se requiere una inteligencia que no nace del estudio histórico y filológico, sino de la pertenencia a la Iglesia, donde pervive el acontecimiento y el testimonio que nos legaron los testigos. A lo largo del libro, en breves comentarios, iremos aludiendo a dicho significado, prestando ante todo atención a la conciencia que manifestó Jesús a través de su comportamiento y sus palabras.

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