Palma Ramírez, M., La ambigua imaginación de la felicidad. Diversión y apuesta en el corazón del pensamiento de Blaise Pascal (Analecta Gregoriana 319. Roma 2013) 416 págs. ISBN978-88-7839-241-0.

El libro es una obra sobre Pascal con la que su autor obtuvo el doctorado en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Escribir hoy un libro sobre Pascal es traer al presente la figura de un pensador que empeñó todo su talento y energía en navegar contra corriente. La tarea de la filosofía, desde Descartes, se concentró en una lucha a favor de la razón y en oposición a la autoridad de la tradición: el racionalismo. En ese contexto, la figura de Pascal es la de un solitario y su voz  constituye una nota discordante. Y no porque se proponga defender las viejas instituciones y creencias. Pascal asume el racionalismo en el terreno de la ciencia, aunque sin ignorar las limitaciones que encuentra la razón incluso en este ámbito. Pero considera que el racionalismo no puede extenderse a la esfera de la religión y la moral. Pascal piensa que en este campo se necesita una comprensión del hombre en cuanto tal que la razón es incapaz de lograr. El esprit de géométrie sólo capta lo palpable, es incapaz de trascender el mundo de los objetos tangibles y mensurables de la geometría. Pero el hombre es un prodigio complejo, enigmático, contradictorio, profundo, rico en infinidad de aspectos: una realidad que escapa a los esfuerzos más tenaces de la razón. Para entrar en esa realidad que es el hombre hace falta el esprit de finesse: olfato refinado y preciso, intuición que nos permite captar aquellas verdades de las que depende nuestro destino y que dan sentido a nuestra existencia.

La primera parte de este libro, centrada en el encuadre histórico y análisis literario de los Pensamientos de Pascal, nos facilita el conocimiento de las disputas personales e ideológicas que han influido o determinado la composición de los fragmentos de los Pensamientos permitiéndonos así captar la intención que Pascal persigue en cada uno de ellos. Es una introducción histórica imprescindible, a la que sigue un cuidadoso análisis literario de la célebre obra de Pascal.

La segunda parte es, desde un punto de vista filosófico, la que más puede interesar al lector. El hombre es un compuesto de grandeza y de miseria. No es más que una caña, pero es una caña pensante. No es ni ángel ni bestia. Grandeza y miseria estrechamente vinculadas entre sí, porque la grandeza del hombre estriba precisamente en su capacidad de reconocerse miserable. Y su miseria es prueba de su grandeza, pues es la miseria de un rey destronado. Tal es el realismo trágico de Pascal. El Claromontano, como gusta llamarlo Palma, no era partidario de insistir en la bajeza del hombre sin destacar al mismo tiempo su grandeza. Y si esto era peligroso, no lo era menos el extremo opuesto: exaltar su grandeza sin parar mientes en su bajeza. Y más peligroso todavía que ambos extremos es dejar al hombre en la ignorancia de lo uno y de lo otro, de su grandeza y de su miseria.

Esta comprensión del hombre nos lleva de la mano a lo que es el núcleo de este libro: los textos de los Pensamientos de Pascal sobre la diversión y la apuesta, de los que Palma hace un estudio que no vacilo en calificar de magistral. El hombre es una criatura constitutivamente miserable que tiende a consolarse de esa miseria mediante la diversión —el divertissement—, que es la huida de nosotros mismos, el sumergirnos en el juego y en la distracción, para no quedarnos solos, cara a cara con nuestro propio yo y nuestra miseria. De ese modo, la diversión, en la que encontramos alivio, se convierte en nuestra mayor miseria porque nos impide levantar acta de nuestra indigencia esencial cerrándonos así el único camino que podría salvarnos del abismo de nuestra miseria. Pero la diversión y el mundo que de ella deriva no es más que un efecto o fenómeno, cuya causa sitúa Pascal, siguiendo a San Agustín, en el pecado original. Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana está corrompida; el hombre ha quedado en una situación miserable, privado de Dios e incapacitado para la consecución de sus aspiraciones más profundas: alcanzar la verdad, la felicidad y el bien. La diversión hunde así al hombre en un abismo, del que sólo la conversión podrá sacarlo. Si la rebelión original del hombre contra su Creador es lo que lo ha sumergido en ese estado de miseria, la lucidez lo llevará a ponerse de rodillas e invocar de Dios aquel sentido de la vida que él, por sí solo, no es capaz de establecer. Y es aquí donde entra el famoso tema pascaliano de la apuesta, con el que Pascal entra en diálogo con el escéptico. Una cosa es evidente: Dios existe o no existe. ¿De qué lado nos inclinaremos? Según la razón —afirma Pascal— no podemos hacerlo ni por uno ni por otro ni tampoco excluir ambos. Por tanto, la cuestión de Dios se plantea como un juego a cara o cruz. Es preciso elegir. Y es razonable elegir a Dios, puesto que si se elige a Dios se puede ganar todo y no se pierde nada. Pero, ¿de qué Dios se trata? Para Pascal no hay en esto duda: no se trata del Dios del deísmo, sino del Dios que se ha revelado en Jesucristo. A ese Dios llegamos por la fe, pero la razón puede mostrar que esa fe, que trasciende a la razón, no es algo contrario a la naturaleza humana, sino que es una fe que viene al encuentro de la miseria humana, la explica y la soluciona. La razón se configura así como verdadero preámbulo de la fe. Ahora, si la fe es un don de Dios, lo que se necesita entonces no es acumular pruebas de la existencia de Dios, sino disminuir nuestras pasiones, deponer la soberbia y, en la humildad, hacernos receptivos al don de Dios; en pocas palabras: pasar de la diversión a la conversión.

La lectura de este libro me ha hecho recordar la figura de Miguel de Unamuno: razón y fe, lo que veo y lo que siento. También en Unamuno su fe en la inmortalidad y en la vida eterna adquiere los contornos de una apuesta. Sugiero al autor la idea de indagar un cierto paralelismo entre ambos autores.

Nada me resta ya sino felicitar al autor  por su excelente trabajo, de cuya lectura es fácil inferir la profunda actualidad que tienen los planteamientos de Pascalen una época como la nuestra en la que el pensamiento dominante se caracteriza por huir de la apuesta e instalarse cómodamente en la diversión.

 

José Arturo Domínguez Asensio

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